Era muy original, las camas eran fijas, de piedra, así como las mesitas. No era de grandes lujos y recuerdo que la comida de la cena no fué estupenda pero sí sus postres, riquísimos, y bueno hacia un frio que pelaba y recuerdo la vista típica a sus casas escavadas bajo tierra, a la simpatía de la señora de la casa, a la sencillez con que te enseñaban sus cosas y como invadiamos su intimidad, consentida por supuesto, con la que ganan un dinero.
Recuerdo como nos ofrecieron pan y lo rico que estaba, un gesto que haran día tras día pero que para mí era nuevo y como ese recuerdo no se me olvida. Recuerdo el paseo hacia el pueblo, el cielo estrellado y el frio intenso que hacia, el viento y las charlas nocturnas de todos los del grupo...Matmata como todo Túnez me trae recuerdos inolvidables.